En una reciente entrevista realizada por la psicóloga Inés C. Lemmel a Elvira Hererria, psiquiatra de Clínica Forum Montau, abordamos uno de los temas más recurrentes tanto en consulta como en la vida cotidiana de muchas familias: el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH).
Aunque suele asociarse a la infancia, el TDAH no desaparece al cumplir años. Muchas personas adultas descubren, tras años de dificultades, que lo que les pasaba tenía nombre y tratamiento. Hablamos de una condición que afecta la atención, el control de impulsos y, en ocasiones, la gestión emocional, y que puede generar frustración, bajo rendimiento o malestar si no se detecta a tiempo.
¿Cómo se manifiesta el TDAH?
Elvia Herrería explica en la entrevista que hay tres grandes tipos de síntomas que podemos observar:
- Inatención: dificultad para concentrarse, despistes frecuentes, problemas para organizar tareas o seguir instrucciones.
- Hiperactividad: inquietud física o verbal constante, sensación de estar siempre “en marcha”.
- Impulsividad: actuar sin pensar, interrumpir a otros, dificultad para esperar turnos.
No todas las personas tienen los tres tipos de síntomas. Algunas presentan más dificultades con la atención, otras con la impulsividad o la inquietud, y muchas tienen una mezcla.
¿Cuándo debemos pedir ayuda?
La clave está en la persistencia y el impacto. Si los síntomas afectan la vida académica, laboral, familiar o social, es momento de consultar con un especialista. No se trata de “tener poca fuerza de voluntad” ni de “ser despistado”, sino de un trastorno con base neurobiológica que necesita atención.
¿Cuál es el tratamiento del TDAH?
La doctora lo explica con claridad: no hay una única receta, sino un plan individualizado que suele combinar varios enfoques:
- Medicación específica: ayuda a regular la atención y el control de impulsos. No cambia la personalidad ni “dopa” a la persona, sino que la acompaña para que pueda funcionar mejor.
- Terapia psicológica: muy útil para trabajar autoestima, organización, emociones y relaciones personales.
- Acompañamiento familiar y educativo: para que el entorno comprenda el trastorno y sepa cómo apoyar.
¿Y en adultos? ¿También se trata?
Sí. Y es muy importante hacerlo. Muchos adultos con TDAH han arrastrado años de autocrítica, frustración o sensación de ser “diferentes”. El diagnóstico les permite entenderse mejor, reconciliarse con su historia y aprender herramientas para organizarse, trabajar y relacionarse desde otro lugar.
Desde el equipo médico, psicológico y terapéutico de la clínica, creemos firmemente en una atención integral, respetuosa y cercana. El TDAH no define a la persona. Pero entenderlo y tratarlo sí puede cambiar radicalmente su calidad de vida.
Por eso, si sospechas que tú o alguien cercano puede estar conviviendo con este trastorno, no dudes en buscar orientación. La detección a tiempo y el acompañamiento adecuado marcan la diferencia.
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