La adicción no es solo un problema de consumo. Es, en muchos casos, el reflejo de un dolor emocional, una forma de anestesiar la vergüenza, la inseguridad o la sensación persistente de no ser suficiente. Y en ese proceso, la autoestima —la valoración que tenemos de nosotros mismos— se va deteriorando.
Muchas personas atrapadas en una adicción comienzan a perder el respeto por sí mismas: sienten que no tienen control, que han fallado, que han decepcionado a quienes los rodean. Pero, al mismo tiempo, una baja autoestima también puede ser el terreno fértil sobre el que germina una adicción.
¿Es posible romper este ciclo? La respuesta es sí, pero requiere comprender primero cómo se alimentan mutuamente la adicción y la autoestima, y qué pasos pueden ayudar a reconstruir esa relación con uno mismo.
Un círculo vicioso: cuando la autoestima baja alimenta el consumo
Las personas con una autoestima frágil suelen tener más dificultades para poner límites, decir “no”, pedir ayuda o afrontar emociones difíciles sin recurrir al consumo.
Pueden sentirse menos merecedoras de bienestar o más inclinadas a sabotear su propio progreso. En este contexto, las sustancias o comportamientos adictivos se convierten en una vía de escape rápida del malestar interno.
Cómo la adicción deteriora la autoestima
Cada recaída, cada mentira, cada promesa rota, va dejando huellas en la percepción personal. La persona empieza a identificarse con la adicción, a definirse por sus errores más que por sus esfuerzos o capacidades. Aparecen pensamientos como:
- “No valgo nada”
- “Nunca voy a salir de esto”
- “Soy una carga”
Estos pensamientos no solo generan dolor, sino que también refuerzan el ciclo de consumo.
Autodiálogo destructivo: el enemigo interno de la recuperación
Uno de los mayores obstáculos en el proceso de recuperación no es solo dejar la sustancia, sino cambiar la forma en que la persona se habla a sí misma. La voz crítica interna puede ser cruel, recordando fracasos y desvalorizando los logros.
Identificar y desafiar esa voz autocrítica es un paso fundamental para reconstruir la autoestima.
Claves para empezar a reconstruir la autoestima en el proceso de recuperación
- Reconocer el esfuerzo, no solo el resultado
Celebrar pequeños logros diarios ayuda a contrarrestar la percepción de fracaso. - Aprender a pedir ayuda sin culpa
Reconocer la necesidad de apoyo no es debilidad, sino un acto de valentía. - Rodearse de personas que suman, no que juzgan
La autoestima también se fortalece en contextos seguros y de aceptación. - Practicar el autocuidado desde el respeto, no desde el castigo
Comer bien, descansar, moverse, tener rutinas… son gestos que reafirman que uno merece cuidarse. - Revisar la historia personal
Muchas veces, la baja autoestima tiene raíces en experiencias pasadas. Trabajarlas en terapia puede ser profundamente sanador.
La autoestima no se recupera de golpe: se cultiva, día a día
La buena noticia es que la autoestima no es algo fijo. Se puede reconstruir. Es un músculo emocional que se fortalece con práctica, con conciencia y con compasión hacia uno mismo. En un proceso de recuperación de adicciones, trabajar la autoestima no es un “extra”, es parte esencial del tratamiento. Porque solo cuando aprendemos a valorarnos, empezamos a creer que merecemos una vida diferente.
