En este momento estás viendo Cómo un analgésico con receta puede acabar en adicción sin que lo notes

Cómo un analgésico con receta puede acabar en adicción sin que lo notes

Nadie empieza un tratamiento con opioides pensando en desarrollar una adicción. Se empieza por una operación, un dolor crónico o un tratamiento oncológico, siguiendo al pie de la letra la pauta que ha indicado el médico. Y sin embargo, es exactamente así como suele comenzar: no con un consumo de riesgo, sino con una receta perfectamente legítima que, semanas o meses después, se ha convertido en algo que cuesta dejar.

En este artículo explicamos qué son los opioides, por qué generan dependencia con tanta facilidad y qué señales indican que un tratamiento médico se ha convertido en un problema.

Qué son los opioides

Los opioides son sustancias, naturales o sintéticas, que actúan sobre los receptores opioides del sistema nervioso central, bloqueando la percepción del dolor y produciendo, además, una sensación de bienestar y sedación. Incluyen desde analgésicos de uso hospitalario y ambulatorio (morfina, oxicodona, fentanilo, tramadol) hasta sustancias como la heroína, de uso exclusivamente recreativo e ilegal.

Para qué se utilizan

Su indicación principal es el tratamiento del dolor moderado a severo: postoperatorio, oncológico, o de patologías crónicas donde otros analgésicos no son suficientes. También se emplea la metadona, un opioide de acción prolongada, en programas de tratamiento de la adicción a la heroína.

Por qué generan dependencia con tanta facilidad

Los opioides actúan sobre el mismo sistema de recompensa cerebral que otras sustancias adictivas: además de aliviar el dolor, producen una sensación de euforia y bienestar que el cerebro tiende a “querer repetir”. Con el uso continuado aparece tolerancia —se necesita más dosis para lograr el mismo efecto— y dependencia física, de forma que interrumpir el tratamiento de golpe puede provocar un síndrome de abstinencia.

Esto explica por qué la adicción a opioides puede desarrollarse incluso en personas que comenzaron a tomarlos por una prescripción médica legítima para el dolor, sin ningún historial previo de consumo de sustancias.

Señales de alerta de un uso problemático

  • Necesitar dosis cada vez mayores para notar el mismo alivio del dolor.
  • Tomar el medicamento antes de lo pautado o combinarlo con otras sustancias sedantes (alcohol, benzodiacepinas), lo que además incrementa el riesgo de sobredosis.
  • Sentir ansiedad o malestar físico al plantearse reducir o dejar el tratamiento.
  • Buscar el fármaco por su efecto de bienestar, más allá del alivio del dolor original.

El riesgo de combinar opioides con otras sustancias

Combinar opioides con alcohol, benzodiacepinas u otros depresores del sistema nervioso central multiplica el riesgo de depresión respiratoria y sobredosis, una de las complicaciones más graves asociadas a estos fármacos. Cualquier tratamiento con opioides debe seguir estrictamente la pauta médica, sin combinarlo con otras sustancias sin consultarlo antes.

Qué hacer si sospechas que hay dependencia

Si un tratamiento con opioides se está prolongando más de lo previsto, si notas que necesitas más dosis, o si te preocupa el consumo de un familiar, lo más recomendable es consultarlo con el médico prescriptor o con un centro especializado antes de modificar la pauta por cuenta propia. La retirada de opioides en casos de dependencia establecida requiere, igual que ocurre con el alcohol o las benzodiacepinas, un proceso supervisado.

En Clínica Forum Montau ofrecemos una primera valoración gratuita para evaluar tu situación y acompañarte en un proceso de retirada seguro si es necesario.