Demencia senil, nuevo riesgo asociado al alcoholismo

Demencia senil, nuevo riesgo asociado al alcoholismo

En muchas ocasiones la demencia asociada al envejecimiento es un mal inevitable. Sin embargo, en otros muchos casos se trata de un trastorno que se puede prevenir llevando a cabo hábitos saludables con regularidad.

Se conoce que  factores como realizar ejercicio, mantener una vida activa o evitar el tabaco pueden prevenir el deterioro mental o, en el peor de los casos, posponerlo. También se intuía que el alcoholismo podría ser un factor relevante en este tema, aunque hasta ahora no se había llevado a cabo un estudio sobre el tema tan amplio como el que acaban de publicar en Lancet un equipo de investigadores del Centro para la Adicción y las Enfermedades Mentales. En él, se recoge información sobre más de un millón de adultos diagnosticados con demencia en Francia y la relación que se establece con su consumo de bebidas alcohólicas resulta muy preocupante.

Demencia precoz

De todos los casos analizados, 57.000 eran de la conocida como demencia precoz, que se caracteriza por una aparición de los síntomas muy temprana, generalmente antes de los 65 años.

En algunos casos este tipo de deterioro cognitivo a tan temprana edad parece tener un origen genético, pero en otros tiene mucho que ver el estilo de vida que ha llevado a cabo el paciente en cuestión. De hecho, el 57% de los 57.000 casos de demencia precoz estaban relacionados con un consumo excesivo de alcohol.

Dicho consumo se midió en base a los valores de la OMS, que establece que la ingesta de alcohol de una persona es excesiva cuando supera los 60 gramos de alcohol puro en un día para los hombres y los 40 gramos para las mujeres. Una caña de cerveza o una copa de vino contienen aproximadamente 10 gramos de alcohol puro, por lo que puede servir como referente para calcular el consumo de un individuo.

Lógicamente, este no es el único factor que interviene en la aparición de demencia prematura, por lo que el estudio también tiene en cuenta otros fenómenos, como el tabaquismo, la presión arterial alta, los estudios inferiores o los problemas de audición.

Los investigadores responsables del estudio concluyen que estos datos deben alentar a las autoridades competentes a reforzar las campañas de prevención del alcoholismo, empezando por las personas más jóvenes. Y es que, si no se corta el problema a tiempo, la costumbre de beber para olvidar podría convertirse en algo demasiado literal.

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