Cuando hablamos de adicciones, es frecuente escuchar la frase:
“Una enfermedad mental no se elige, pero la adicción sí, porque la persona decide consumir”.
Esta afirmación tiene una parte de verdad, pero es incompleta desde un punto de vista clínico.
Elegir realizar un primer consumo no es equivalente a elegir desarrollar una adicción.
Una cosa es una conducta voluntaria puntual.
Otra muy distinta es la aparición de una patología caracterizada por la pérdida de control, la compulsión y la dependencia.
Desde la medicina y la psicología, la adicción se define como un trastorno crónico que afecta al funcionamiento del cerebro, especialmente a los sistemas de recompensa, motivación, memoria y control de impulsos. Cuando estos sistemas se alteran, la capacidad de elección se ve significativamente reducida.
Nadie inicia un consumo con la intención de:
- Desarrollar dependencia
- Perder el control sobre su conducta
- Dañar su salud física o mental
- Deteriorar sus relaciones personales y sociales
Eso no forma parte de una decisión consciente.
El consumo puede comenzar como una conducta voluntaria.
La adicción aparece cuando esa conducta deja de estar regulada por la voluntad y pasa a estar dominada por la necesidad neurobiológica y emocional.
La primera vez puede ser una decisión, la dependencia no
Es cierto que el primer consumo suele producirse desde una decisión voluntaria. Sin embargo, la adicción no comienza en ese momento. Se establece cuando el consumo deja de ser una conducta opcional y pasa a convertirse en una conducta compulsiva.
La dependencia no es una elección consciente, sino el resultado de cambios neurobiológicos que afectan a los sistemas cerebrales implicados en la recompensa, la motivación, el control de impulsos y la regulación emocional, reduciendo de forma significativa la capacidad de decisión.
Desde un punto de vista clínico, la adicción se define por la pérdida de control sobre la conducta, la compulsión y el deterioro progresivo del funcionamiento personal, social y emocional.
La adicción como intento de regulación emocional”
En la mayoría de los casos, el consumo se inicia como una estrategia de afrontamiento ante dificultades emocionales como:
- Dolor emocional persistente
- Sensación de no pertenencia o aislamiento
- Estrés psicológico elevado
- Necesidad de evasión ante situaciones percibidas como desbordantes
- Búsqueda de aceptación y validación externa
- Sensación crónica de vacío o desconexión emocional
La sustancia, la conducta o la relación adictiva actúan inicialmente como un modulador artificial del estado emocional, proporcionando una reducción temporal del malestar.
Por ello, la adicción no responde principalmente a una búsqueda de placer, sino a un intento de alivio sintomático.
Se trata de un mecanismo de autorregulación disfuncional frente a un problema emocional profundo que no ha podido ser gestionado por otras vías.
El peligro de decir que “todo es una elección”
Afirmar que la adicción es únicamente una elección personal supone simplificar una realidad compleja y multifactorial. Esta visión reduce el problema a una cuestión de voluntad individual e ignora los procesos emocionales, psicológicos y neurobiológicos que intervienen en su desarrollo.
Además, este tipo de mensajes incrementa el estigma y dificulta la petición de ayuda. Cuando una persona siente que va a ser juzgada o señalada, es menos probable que se acerque a un espacio de apoyo o tratamiento. El miedo al juicio bloquea la posibilidad de expresar el malestar y de reconocer la necesidad de acompañamiento.
La adicción no es una falta de voluntad.
Es la expresión de una dificultad para sostener y regular el malestar interno.
Indica que los recursos personales disponibles no están siendo suficientes para gestionar lo que ocurre a nivel emocional y que se ha recurrido a una estrategia externa para intentar mantener el equilibrio.
La adicción como una llamada de auxilio
Nadie elige enfermar.
Nadie elige depender.
Lo que muchas personas eligen, sin saberlo, es intentar dejar de sufrir con las herramientas que tienen en ese momento.
Cuando entendemos esto, la mirada cambia.
La adicción deja de ser un juicio
y se convierte en una llamada de auxilio.
Y solo desde la empatía, la comprensión y el acompañamiento real empieza de verdad el camino hacia la recuperación.
