Educar para prevenir

Educar para prevenir

Las intoxicaciones etílicas en menores son cada vez más frecuentes. Aunque los últimos estudios indican que el inicio en el consumo del alcohol se ha retrasado en el último año, no podemos bajar la guardia y debemos seguir trabajando en la educación y la formación de nuestros adolescentes. Porque la moda del atracón junto con el inicio temprano en el consumo origina problemas de intoxicaciones que dejarán secuelas para toda la vida.

¿Qué podemos hacer los padres para prevenir el consumo de alcohol en edades tempranas?

Aunque no es una tarea fácil porque educar no es fácil, ni existe una fórmula mágica para evitar este tipo de comportamiento, sí que podemos seguir una serie de pautas que nos pueden ayudar a afrontar este tema.

Establecer una buena comunicación

El diálogo familiar es un arma de prevención importante para evitar y/o tratar a tiempo conductas indeseadas en los menores. Esta estrecha comunicación debe favorecerse desde la infancia, pues es el único modo de que ya esté establecida durante la adolescencia. Cuando el niño tenga 13 o 14 años, preferirá hablar con sus amigos en lugar de con sus padres, por eso es importante haber establecido antes esta pauta de comunicación. Además, si el niño sabe comunicarse adecuadamente en familia, podrá seguir también este modelo en sus relaciones con sus amigos.
Buscar intereses comunes
Buscar una forma de divertirse conjuntamente con los hijos, interesándose, a su vez, por las cosas que les resulten atractivas a ellos. Es un modo también de inculcarles actividades de ocio saludables que resulten una alternativa al alcohol.

Tratar a cada hijo de forma individualizada

Debemos respetar las singularidades de cada hijo, estableciendo para él unas pautas adaptadas a sus necesidades y potencialidades tanto en el ámbito académico como en el ámbito personal.
Transmitir valores
La familia debe transmitir a los hijos los valores éticos, religiosos, morales o culturales que posee para aportar seguridad y ayudar a relacionarse con su entorno.

Promover la autonomía y la responsabilidad

Educar al niño desde la infancia para asumir pequeñas responsabilidades con las que se sienta comprometido. Esta es una forma de hacerlo sentir importante y autónomo, lo que le valdrá posteriormente en la toma de decisiones propias. La sobreprotección debe evitarse, de modo que el niño aprenda a tolerar las frustraciones y a saber controlar sus impulsos para calmar sus deseos de inmediato.

Dedicar un tiempo a cada hijo

El contacto individual y personal con cada uno de los hijos ayuda a establecer una relación armónica entre padres e hijos. Hay que tener en cuenta que uno de los factores que pueden favorecer el inicio temprano del niño en el consumo de alcohol son las malas relaciones familiares, ya sea por ansiedad o por oposicionismo.

Promover la sobriedad en el dinero

Es beneficioso que el menor compruebe cómo sus padres no son despilfarradores en asuntos económicos. Esa contención le ayudará también a valorar el dinero, que no se les debe proporcionar en cantidades muy altas durante la adolescencia.

Ser un buen ejemplo en el consumo de alcohol

Si nuestros hijos nos ven beber, aprenderán este comportamiento. Moderar el consumo de alcohol delante de nuestros hijos.

Establecer límites claros y consistentes

El niño debe tener conciencia de que siempre son los padres los que establecen los límites en cuanto a horarios de salida y comportamientos permitidos. Esa autoridad otorga seguridad al niño y refuerza su autoestima.

Reforzar positivamente sus logros

Gozar de una buena autoestima es clave en el desarrollo armónico de la personalidad y en la prevención de comportamientos de riesgo. Si el niño es capaz de no ceder ante las presiones del grupo para que beba y no necesita tomar alcohol para sentirse integrado, habrá recorrido un gran camino.

 

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